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NEURO M1

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1. El proceso evolutivo no avanza en una única línea.
2. Los seres humanos tenemos pocos motivos para reclamar la supremacía evolutiva. Somos la última especie superviviente de una familia (la de los homínidos) que ha existido tan sólo durante un momento fugaz del tiempo de la evolución.
3. La evolución no siempre se desarrolla lenta y gradualmente. Cambios repentinos del entorno pueden desencadenar rápidos cambios evolutivos (es decir, en unas cuantas generaciones) o por mutaciones genéticas adaptativas.
4. Menos del uno por ciento de las especies conocidas existe todavía.
5. La evolución no progresa hacia una perfección predeterminada.
6. No todas las conductas ni las estructuras existentes son adaptativas. Ej: el ombligo del ser humano (spandrel) no tiene una función adaptativa y no es más que un subproducto del cordón umbilical.
7. No todas las características adaptativas existentes evolucionaron para desempeñar su función actual. Algunas características, llamadas exaptaciones, evolucionaron para cumplir una función y más tarde fueron reclutadas para realizar otra. Por ejemplo, las alas de los pájaros son exaptaciones —se trata de extremidades que en un principio evolucionaron con el fin de servir para caminar—.
8. El hecho de que haya semejanzas entre las especies no significa necesariamente que éstas tengan un origen evolutivo común. A las estructuras que son similares porque tienen un origen evolutivo común se llaman homólogas; a las que son similares pero no tienen un origen evolutivo común se denominan análogas. Por ejemplo, el ala de un pájaro y el brazo de un ser humano tienen en común su estructura esquelética básica subyacente, lo cual sugiere un antepasado común; por lo contrario, el ala de un pájaro y el ala de una abeja tienen pocas semejanzas estructurales, aunque desempeñan la misma función.